En el centro de la Vía Láctea, una región saturada de estrellas, polvo cósmico y dominada por un agujero negro supermasivo, se esconden algunas de las mayores incógnitas sobre el origen y la evolución de nuestra galaxia. Pronto, ese territorio extremo será observado con un nivel de detalle sin precedentes gracias al Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, uno de los proyectos científicos más ambiciosos de la NASA.
La misión del Roman, concebida como un observatorio de nueva generación, dedicará casi el 75% de su misión principal de cinco años a tres estudios de gran escala. Entre ellos destaca el Galactic Bulge Time-Domain Survey, un sondeo diseñado específicamente para estudiar el bulbo galáctico, la región densamente poblada de estrellas que rodea el centro de la Vía Láctea y que hasta ahora ha sido difícil de analizar por la complejidad de su entorno.
Durante un periodo acumulado de 438 días, el telescopio observará seis zonas clave del núcleo galáctico —una centrada directamente en el corazón de la galaxia y cinco áreas adyacentes— con una cadencia extraordinaria: tomará datos cada 12 minutos. Esta estrategia permitirá construir el registro temporal más preciso y prolongado jamás realizado sobre los cambios de brillo y movimiento de cientos de millones de estrellas, abriendo una ventana única para estudiar la dinámica galáctica y la formación de sistemas planetarios.
Según Jessie Christiansen, astrónoma de Caltech/IPAC y colíder del comité directivo del estudio, este proyecto se convertirá en el referente absoluto para la observación continua del bulbo galáctico. La combinación de alta precisión, alta frecuencia de observación y larga duración permitirá abordar preguntas que hasta ahora habían quedado fuera del alcance de la astronomía observacional.
Uno de los aspectos más revolucionarios del Roman será el uso intensivo de la microlente gravitacional para la detección de exoplanetas. A diferencia del método de tránsito, que ha permitido confirmar más de seis mil exoplanetas, la microlente ha identificado apenas un par de cientos debido a su complejidad técnica. Sin embargo, esta técnica ofrece una ventaja crucial: permite detectar planetas lejanos a su estrella e incluso planetas errantes, que no orbitan ningún sol. Con el monitoreo sistemático del bulbo galáctico, los científicos esperan descubrir más de mil nuevos exoplanetas, multiplicando por cinco los registros actuales obtenidos por este método.
La microlente ocurre cuando la gravedad de una estrella o un planeta curva el espacio-tiempo y amplifica la luz de una estrella más lejana, produciendo un aumento temporal de brillo. Este fenómeno, comparable al efecto de una lupa, permite detectar cuerpos celestes que de otro modo serían invisibles. Gracias a esta técnica, el Roman podrá identificar planetas con masas que van desde cuerpos más pequeños que Marte hasta gigantes similares a Júpiter o Saturno.
El alcance científico de la misión va mucho más allá de la búsqueda de exoplanetas. De acuerdo con Dan Huber, investigador de la Universidad de Hawái y copresidente del estudio, la enorme cantidad de datos permitirá estudiar restos estelares como agujeros negros de masa estelar, analizar estrellas gigantes rojas, observar sistemas binarios eclipsantes y comprender mejor los procesos de formación y evolución estelar en una de las zonas más antiguas de la galaxia.
Otro objetivo clave será determinar la edad de las estrellas del centro galáctico. Al establecer su relación con la historia de formación de la Vía Láctea, los astrónomos podrán reconstruir cómo se ensambló nuestra galaxia a lo largo de miles de millones de años y estimar con mayor precisión la frecuencia de mundos similares a la Tierra.
El procesamiento de la información será tan innovador como la observación misma. Cada 12 minutos, el sistema automatizado del Centro de Apoyo Científico Romano en Caltech/IPAC analizará datos de cientos de millones de estrellas, detectando variaciones de brillo y eventos de microlente en tiempo casi real. Los datos serán de acceso público poco después de su procesamiento, fomentando la colaboración internacional y acelerando nuevos descubrimientos.
Además del estudio del bulbo galáctico, las observaciones del Roman contribuirán a otros programas científicos, como el Estudio del Dominio del Tiempo de Alta Latitud y el Estudio de Área Amplia de Alta Latitud, maximizando el rendimiento científico de un solo instrumento.
El lanzamiento del Telescopio Espacial Nancy Grace Roman está previsto para mayo de 2027, aunque existe la posibilidad de que se adelante a otoño de 2026 si el proceso de integración avanza según lo planeado. La comunidad científica espera que esta misión marque un antes y un después en la astronomía moderna.
Como señaló Christiansen, el Roman permitirá por primera vez comprender nuestro sistema solar y la Tierra dentro del contexto más amplio de la población de exoplanetas de la Vía Láctea. Al observar el núcleo mismo de la galaxia con una continuidad sin precedentes, la misión promete transformar la forma en que entendemos el origen, la estructura y el futuro de nuestro hogar cósmico.
